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Empecé a escribir un cuento de la manera tradicional. Creo que es la manera tradicional porque así leí muchos cuentos cuando era niño. Terminé las primeras líneas y el resto de la página permaneció en blanco.
“Había una vez un grupo de tres pájaros que volaban sobre costas uruguayas. Dos eran verdes y comían mucho maíz, pero lo que más les hubiera gustado era devorar una serpiente sobre un nopal igual que sus ancestros. El otro era azul y odiaba que los perros se metieran a su casa.”
Leí varias veces el principio del cuento y no me convenció. Mi problema era que había otros personajes en la historia y no tenía ideas buenas para introducirlos poco a poco.
“Había un búho, dos tórtolos y una guacamaya. El grupo lo cerraba un pequeño hombrecito con gran corazón llamado Antoine.”
Después me encontré con un dilema. El siguiente enunciado que apareció en mis escritos no tenía sentido, parecía redundante y necesario a la vez.
“A diferencia de las aves, Antoine no podía volar.”
Si el cuento lo leyera un ave no habría problema, porque esa información hubiera sido necesaria. Pero la mayoría de las aves no saben leer. En cambio si el cuento lo leyera un hombre, el enunciado sería redundante porque la mayoría de los hombres no pueden volar. Por razones como esta decidí desechar el cuento. Arrancar la hoja, hacerla bolita y encestarla en el bote de basura es algo común cuando se escriben cuentos.
Además, en un cuento todos los personajes deben relacionarse y no había forma de explicar porque había dos grupos de aves o como era que terminaron viviendo en un sótano, esas cosas son difíciles de narrar. Me habría pasado mucho tiempo pensando cómo escribir el desarrollo de la acción hasta llegar a la parte en que los pájaros verdes y el azul llegaron a un jardín con flores muy extrañas. Entonces el cuento hubiera tenido un sentido distinto.
“Los pájaros verdes y el azul eran los únicos que podían beber el néctar de esas flores extrañas con sus picos. En realidad el búho también podía, pero los búhos solamente pueden ver de noche y el sol aún no se había puesto.”
Habría tenido que borrar para meter en algún lado del cuento la ubicación del jardín. Estaba en la playa. Habría tenido que salirme de los tiempos verbales con los que empecé el cuento para contar que los pájaros verdes y el azul pasaron toda la puesta del sol bebiendo el néctar de las flores y luego volando por el jardín en la playa hasta que salieron la luna y las estrellas. Hubiera sido complicado.
Después habría tenido que explicar el papel de Antoine en el cuento. Las aves ya lo conocían, pero fue en el jardín cuando se hicieron amigos de verdad.
“Antoine les habló del mundo y de las ganas que tenía de conocerlo. Les contó de sus planes de fuga hacia la tierra prometida de las pitufresas y de cómo su viaje arrancaría en Francia, donde ya habían sido encontradas por científicos. Los pájaros verdes y el azul estaban maravillados con las ideas de Antoine, y estaban muy contentos a pesar de que estaban un poco perdidos y no recordaban el camino al sótano, donde las otras aves estaban esperándolos.”
Después me quedé sin ideas para seguir con el cuento. Además no pude encontrar la forma de explicar el camino de vuelta al sótano. Sabía que tenía que escribir que no habrían podido volver si no fuera por el trabajo en equipo, así podría haberle puesto una moraleja al final, pero hubiera tenido que saltarme la fiesta de las aves, y eso no les habría gustado a las aves que leyeran.
“Cuando todas las aves estuvieron juntas, el búho estaba un poco enojado por no haber sido invitado al jardín. Los tórtolos y la guacamaya estaban muy contentos y querían hacer una fiesta. Entonces todos cocinaron gusanos con tomate y bailaron. La guacamaya y el búho bailaron toda la noche y se escuchó un “fuck you!” pero nadie supo quién lo dijo.”
Y me hubiera gustado terminar el cuento de una manera solemne y corta en homenaje a quién dejó voluntariamente el paraíso, aunque después hubiera parecido soberbio.
“Al día siguiente las aves buscaron por todos los alrededores y no pudieron encontrar mi cuerpo. Se sintieron muy tristes y decidieron volar a otro horizonte.”
Soy Antoine.