Suena música en la computadora, a lo lejos ruedan incesantes los autos por la avenida, en el salón tienen prendida la retransmisión de un partido de fútbol, el teclado se deja golpear cada letra, con súbita sumisión. No dejo de pensar.
Salgo al balcón, el teclado se toma un respiro hasta el siguiente round, la retransmisión se ausenta, apenas si oigo la música por el rugir de carros; veinticuatro horas de un ciclo que se renueva cada día. Allá los veo, a lo lejos decenas de metros más abajo, algunas personas pasean, otras caminan hacia algún lugar, puedo oír algunas palabras sueltas. Los pájaros vuelan sin que escuche su canto por árboles que tímidamente comienzan a florecer. No dejo de pensar. La habitación, vista desde afuera me habla por la ropa amontonada en la silla, la guitarra roja espera paciente ser tocada de nuevo, los papeles sobre la mesa presumen de su desorden, las arrugas de la cama marcan un tiempo que se renueva cada mañana, todo está bañado por el tono anaranjado que se proyecta por la bombilla bajo la lámpara... afuera está nublado, apenas si se nota el rojizo atardecer.
En el salón descansan mis llaves, hoy compré una ficha de casino verde donde también hay grabado "25", la miraré y me acordaré irremediablemente de tí, como cada día lo hago, como cada vez que camino y espero encontrarte. Hoy, que el tiempo ha pasado frente a nosotros de largo, hablaríamos de reencuentro y no de despedidas, quien sabe, nos veremos algún día... o al menos las personas darán fe de que nos hemos visto, porque hoy, como ayer, yo te vi en mis recuerdos... sentados y hablando de cualquier cosa ganándole un pulso a lo verosímil. De esta ficha apenas si conozco su historia, ella tampoco me conoce demasiado, hasta ahora sólo sé que aguardaba a ser encontrada en una gran caja con otras fichas, de otros colores, rojas, azules, rojas... apenas si había verdes.
miau
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